Giovanni Pierluigi de Palestrina



En el estudio de la música, una de las partes primordiales y de alta relevancia educativa, es el análisis y comprensión de la historia evolutiva de la música a través de los años y cómo fue el proceso de invención y reinvención de las reglas que actualmente conocemos. La mejor manera de comprender mejor la estructura actual de la música es estudiando y analizando las obras de compositores que sirvieron en pro de la música, la escritura y leyes armónicas, estilos compositivos y más importante aún el descubrimiento de aspectos y cualidades de la música que se lograron encontrar por medio de la práctica y error.










Giovanni Pierluigi de Palestrina es uno de los compositores más influyentes en la historia de la música y un gran maestro del arte del contrapunto que fue el precursor de la armonía clásica y en consecuencia también de la moderna. Se dice que fue Giovanni quien salvó a la música de la prohibición eclesiástica al devolver la pureza y sentido de la música que se había perdido con las complejas polifonías existentes.




Siendo este compositor un personaje tan relevante para la historia de la música es obvio que se convierta en objeto de estudio de todos aquellos que quieran profundizar en la comprensión musical y es además de gran utilidad tomar en cuenta las composiciones de Giovanni al momento de crear nosotros mismos alguna obra, pues este compositor aportó importantes cuestiones sobre el contrapunto e incluso adelantó un poco en la armonía partiendo de la polifonía.

(Palestrina, actual Italia, 1525-Roma, 1594) Compositor italiano. Palestrina fue un compositor prolífico en el que cantidad y calidad no están reñidas. Su catálogo integra 104 misas de cuatro a ocho voces, cerca de 400 motetes, 66 ofertorios, 35 magníficats y 65 himnos, además de madrigales sacros y profanos, salmos y lamentaciones. De toda esta ingente producción, las misas son las obras en que más se evidencia el magisterio del músico. Unas veces construidas sobre un cantus firmus de procedencia gregoriana, otras basadas en temas procedentes de motetes o madrigales, tanto propios como de otros autores contemporáneos o, incluso, de canciones populares, obras todas ellas de una belleza imperecedera.




No es mucho lo que se sabe de su niñez, excepto el hecho de que fue corista en la Basílica de "Santa María Maggiore". Sin embargo, para 1544 ya había sido designado organista y maestro de coro en una catedral; tomó esposa. Cuando asumió el Papado Julio III, en 1551, llamó a Palestrina como maestro de coro de la Capilla Julia en San Pedro. Pocos años más tarde Palestrina publicó su primer volumen de Misas. Aparentemente fue uno de los favoritos del Papa. Cuando murió Julio III y ascendió como Papa Marcelo II -para quien el autor compuso la Misa "Missa Papae Marcelli"- Palestrina retuvo su cargo. Sin embargo, Marcelo rigió los destinos del Vaticano por pocas semanas, siendo sucedido por Pablo IV, quien le alejó de su puesto pretextando que ello se debía a que era casado. Palestrina pasó entonces a la iglesia de San Juan de Letrán en calidad de director musical, como sucesor del gran Orlando di Lasso. Abandonó ese cargo en 1560, siendo su próxima actividad la de maestro de coro en Santa María Maggiore.

Tras unos años al servicio del cardenal Ippolito de Este, en 1571, reconocido ya como uno de los compositores vivos más importantes, fue readmitido en el Vaticano en su antiguo puesto de maestro de la Cappella Giulia. El fallecimiento de su esposa en 1580 le hizo pensar en tomar los hábitos, posibilidad que frustró su matrimonio al año siguiente con Virginia Dormoli, la acaudalada viuda de un comerciante romano, se dedicó al negocio de pieles, convirtiéndose en un hombre próspero. No abandonó por ello la composición, y su reputación llegó a ser tan notable, que el Papa Gregorio XIII le confió -juntamente con otro músico, Annibale Zoilo- la revisión de la "Graduale edAntiphonale" de Roma. Palestrina jamás pudo concluir su tarea. Murió el 2 de febrero de 1594 y fue enterrado en una de las capillas laterales de la antigua San Pedro.




Palestrina permaneció olvidado por largo tiempo, aunque su música continuó cantándose en el Vaticano. Los compositores románticos lo redescubrieron, como exhumaron también a Bach. Y en la actualidad, muchos expertos sostienen que es el par de Bach como contrapuntista y compositor de música eclesiástica. Los flamencos habían cuidado tan amorosamente la música vocal, que la Iglesia había visto en su portentoso movimiento artístico la base granítica de elementos en verdad providenciales para la Liturgia. Y no dudó, por tanto, en llamar junto a sí a los flamencos, con el fin de que trabajaran para su más célebre capilla, al Sixtina.

Palestrina intentó componer una música que estuviera siempre o casi siempre al servicio de la religión católica. Juzgaba principalmente adecuado a su alto fin el uso de las voces humanas, excluyendo a priori cualquier instrumento. No quiso jamás someterse a la música instrumental. 


El contexto histórico de la vida de Palestrina está determinado, en lo que a la música se refiere, por las implicaciones que para la música tuvo el movimiento contrarreformistas. La posición de una gran parte de los obispos era la de abolir la polifonía dde la liturgia religiosa, que era entendida como un obstáculo insuperable para la comprensión del texto. Fue Palestrina quién le demostró al mundo la compatibilidad de la polifonía con la legibilidad del texto litúrgico con su famosa “Misa del Papa Marcello”. En sus madrigales Palestrina se muestra más conservador, no llegó al vanguardismo de Marenzio o Gesualdo. Palestrina es la cumbre del estilo imitativo.




Si te ha gustado esta publicación y quieres estar al día cada vez que publique, puedes seguirnos en nuestras redes sociales:



Comentarios